EL ANALFABETISMO PERPETÚA EL CICLO DE POBREZA

Millones de adultos de todo el mundo no saben leer ni escribir por lo que carecen de oportunidades para ganarse dignamente la vida y ofrecer un mejor futuro a sus familias.

Según un estudio de la organización internacional sin fines de lucro ProLiteracy, incluso en Estados Unidos, país que dispone de amplios recursos, 36 millones de adultos leen a un nivel de tercer curso de primaria. Conforme a los datos de una encuesta realizada en 2003 por el Instituto Nacional para la Alfabetización, casi la mitad de los residentes de más de 16 años de la ciudad de Detroit, Michigan, eran analfabetos funcionales, es decir, son incapaces de aplicar sus habilidades de lectura, escritura y cálculo a sus actividades cotidianas.

Según explica Kristen Barnes-Holiday, directora de resultados de los programas de Reading Works, organización que combate el analfabetismo entre los adultos de Detroit, los resultados obtenidos hasta ahora por las agencias encargadas de luchar contra esta lacra no han sido prometedores.

El analfabetismo afecta todas las facetas de la vida de una persona. Quienes no saben leer ni escribir tienen una mayor probabilidad de vivir en la pobreza, sufren problemas médicos ya que no saben leer las etiquetas o las instrucciones de sus medicamentos, y se ven cada día más aislados en un mundo en el que resulta imprescindible saber cómo utilizar una computadora. Por otro lado, como observa Barnes-Holiday, la carencia de estas habilidades en la población activa contribuye a retrasar la recuperación económica de la ciudad.

Sin embargo, lo que más la preocupa es el impacto en las futuras generaciones: “Muchos niños crecen en hogares en los que los padres son analfabetos y todos sabemos que no todo el aprendizaje tiene lugar en la escuela”, explica. “Pensamos que si dedicamos más dinero a la educación de esta generación obtendremos mejores resultados, pero eso no será del todo cierto a menos que también abordemos los problemas que sufren en sus hogares”.

El rotario Mark Wilson, quien ha participado activamente en distintos proyectos de alfabetización en Detroit, también cree que la alfabetización de adultos no ha recibido la atención que merece.

“Este es un problema que no obtiene la misma respuesta emocional que el analfabetismo infantil”, comenta Wilson, socio del Club Rotario de Grosse Pointe. “Pero de hecho, es un círculo vicioso que no deja de perpetuarse”.

El club de Wilson, junto con rotarios de otros clubes de la región de Detroit, decidió colaborar con ProLiteracy Detroit para captar fondos destinados a capacitar tutores. Los rotarios, también donaron 261.000 libros y 587 computadoras a distintas agencias de la ciudad.

Una subvención de La Fundación Rotaria llevó a Detroit a un grupo de expertos australianos quienes compartieron sus conocimientos con los encargados de capacitar a los tutores. Asimismo, los fondos de la subvención hicieron posible el lanzamiento de un programa televisivo semanal orientado a sensibilizar al público y a conseguir el apoyo tanto de empresas como de la comunidad en general.

Según los datos del Sistema de Información sobre Educación de Adultos de Michigan,  gracias a los esfuerzos de los tutores voluntarios, más de 500 adultos mejoraran sus habilidades de lectura en un nivel equivalente al de tres años de educación primaria.

En opinión de Margaret Williamson, directora ejecutiva de ProLiteracy Detroit y socia del Club Rotario de Detroit, el proyecto ha reportado más beneficios los esperados inicialmente.

“No solo buscamos mejorar la capacidad lectora, sino que nos esforzamos en brindar a estas personas las habilidades que necesitan para encontrar empleo”, explica. “Y lo que pudimos observar es que, gracias a la red rotaria, estos adultos encontraron a personas dispuestas a brindarles una oportunidad. Hubo empresas que nos llamaron para preguntarnos si podríamos recomendarles a algunos de los beneficiarios para que ocuparan puestos de trabajo de nivel básico”.

Los rotarios se convirtieron en grandes defensores de la alfabetización de adultos, haciendo notar su incidencia política en varias agencias gubernamentales, añade Williamson. Como resultado, una institución financiera donó un centro para la capacitación profesional y ProLiteracy recibió más contribuciones para capacitar a sus tutores voluntarios.

“Este efecto dominó sigue generando beneficios”, explica.

Wilson también advirtió este efecto: “Cuando enseñas a una persona a leer, lo haces para toda la vida y ese impacto repercute en toda la comunidad, y ese era, precisamente, nuestro objetivo”.

Obtén más información sobre la labor de 

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