MENSAJE DE DICIEMBRE PRESIDENTE ROTARY INTERNATIONAL

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K. R. RAVINDRAN / PRESIDENTE 2015-2016

Cuando el ejército canadiense liberó a los Países Bajos en 1945, encontró un país al borde de la hambruna. Al ver el sufrimiento de tantas personas, especialmente en el rostro de los niños, cuatro cabos destacados cerca de Apeldoorn decidieron celebrar la Navidad para cuantos niños podían.

Los soldados se turnaron para recolectar barras de chocolate y goma de mascar, golosinas y revistas de historietas. En su tiempo libre, construyeron camiones de juguete con madera y alambres, serrucharon desechos de madera para hacer bloques de construcción. Un soldado incluso, arriesgándose a ser descubierto por la policía militar, vendió su ración de cigarrillos en el mercado negro y compró muñecas de trapo. Todos recordaban a su familia con nostalgia, por lo que canalizaron su energía en la Navidad de esos niños.

El 1 de diciembre, los soldados tenían cuatro bolsas de regalos que esperaban con ilusión repartir el 25 de diciembre. Pero dos días más tarde, se enteraron de que debían partir para Canadá el 6 de diciembre. Con sentimientos encontrados, los soldados decidieron que el mejor plan sería llevar las bolsas al orfanato local para que las entregaran en Navidad.

La noche antes de partir, los cuatro se dirigieron al orfanato, uno de ellos con una improvisada barba blanca y un gorro rojo. De camino, los sorprendió el sonido de las campanas de la iglesia y las casas iluminadas a pesar de que faltaban unas semanas para la navidad. Cuando estaban cerca y con las botas llenas de nieve, vieron por las ventanas dos docenas de muchachas y muchachos reunidos para la cena. Pocos meses antes del final de la guerra, la comida todavía era escasa, por la que no había mucho que comer y sus rostros estaban pálidos.

“Santa Claus” levantó la aldaba de la puerta y golpeó tres veces. Como por arte de magia, el sonido de las jóvenes voces se apagó y un sacerdote abrió la puerta. Su amable expresión dio paso a un rostro de sorpresa y los niños estallaron de regocijo abalanzándose y rodeando al cabo que se había vestido de Navidad tres semanas antes – pero lo hizo en el momento oportuno, ya que en los Países Bajos Sinterklaas llega el 5 de diciembre en la víspera de San Nicolás.

Por una hora reinó un alegre caos mientras abrían los regalos, saboreaban las golosinas y acariciaban las muñecas. El último camión de madera y la última barra de chocolate se entregaron a un pequeño niño que había esperado pacientemente. Después de agradecer a los hombres, se volvió hacia el sacerdote y le dijo algo en holandés con su rostro lleno de alegría. El sacerdote sonrió y asintió con su cabeza. “¿Qué dijo?” preguntó uno de los soldados.

El sacerdote los miró con ojos llenos de lágrimas. “Dijo, ‘les dije que él vendría'”.

Al transmitir alegría al mundo, multiplicamos el gozo y lo compartimos con los demás. Al iniciar la época de la navidad, multipliquemos los dones que se nos han dado compartiéndolos con los demás con actos de bondad, amabilidad y generosidad en nuestros clubes y mediante la Fundación para así Enriquecer el mundo.

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