MENSAJE DE ABRIL PRESIDENTE ROTARY INTERNATIONAL

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K. R. RAVINDRAN / PRESIDENTE 2015-2016

Hace muchos años en Kolkata (India), tuve la oportunidad de conocer a la Madre Teresa, una increíble mujer con una fuerte personalidad. Cuando ella caminaba por la calle, la multitud se dividía como el Mar Rojo. Sin embargo, cuando uno hablaba con ella mencionando sus obras extraordinarias, casi no le daba importancia alguna. Si le preguntaban cuál había sido su mayor logro, respondía: “Soy experta en limpiar inodoros”.

La respuesta era divertida y a la vez seria. Se dedicaba a cuidar a los demás. Si había que limpiar inodoros, los limpiaba. No había un trabajo que no estuviera dispuesta a abordar. Ayudar a los demás era su labor y ningún trabajo estaba por encima de ella, no había nada más importante que eso.

Un día, cuando un hombre elegantemente vestido vino a Kolkata buscando a la Madre Teresa, las monjas que abrieron la puerta le informaron que estaba en la parte trasera de la casa limpiando inodoros y allí la encontró. Ella lo saludó, supuso que era un voluntario y comenzó a explicarle cómo sostener correctamente el cepillo para limpiar inodoros advirtiéndole que no desperdiciara agua. Luego, le entregó el cepillo y lo dejó solo en el baño, vestido con su costoso traje.

Luego, el hombre salió para reunirse nuevamente con la Madre Teresa y le dijo, “Ya terminé, ¿puedo hablar con usted ahora?” “Sí, claro”, respondió ella. Sacando un sobre de su bolsillo le dijo, “Madre Teresa soy el director de la aerolínea y aquí están sus boletos. Solo quería entregárselos personalmente”.

Él relató esta historia una y otra vez por el resto de su vida, afirmando que esos 20 minutos limpiando inodoros le habían producido la mayor alegría en su vida porque poner sus manos al servicio de la Madre Teresa lo hizo ser parte de su misión. Durante esos 20 minutos, cuidó a los enfermos igual que ella lo hacía: con sus propias manos y el sudor de su frente.

Esa es exactamente la oportunidad que nos brinda Rotary. Quizá no hagamos lo que hizo la Madre Teresa: renunciar a nuestra vida, nuestro hogar y nuestra familia. Pero por 20 minutos, 20 horas o 20 días al año, podemos ser como ella.

Podemos hacer el trabajo que otros no harían con nuestras manos, nuestro corazón, nuestro sudor y nuestra devoción sabiendo que lo que hagamos será la labor más importante del mundo.

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